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BISCUIT

HISTORIA

Nuestra historia no empieza el día que abrimos la primera tienda. Empieza el día que una niña abre una caja de costura.

1988. Madrid. Un salón en una tarde de verano. Katia y su abuela Carmen eligen telas para confeccionar unos pantalones.No cualquiera: unos campana en lamé plateado. ¿Demasiado modernos para la época? Era la idea. Soñando con enfundarse en el estilo de ropa que Jane Fonda llevaba en la película Barbarella, Katia se da cuenta de que su forma de vestir combina con su forma de ser.

Y ella no es (ni quiere ser) como todo el mundo.

MUY JOVEN ...

Con 14 años se apunta a clases de patronaje y empieza a confeccionar su futuro. Pero no en línea recta. Porque, como ella dice: “la vida es cambio”. Pasa por el mundo del baile, el maquillaje, el estilismo y hasta la aviación. Hilando una cosa con la otra, acaba aterrizando en Balí y allí pasa nueve años creando ropa con sus propias manos. Es ella quien elige las telas, los colores, los estampados y su destino. Porque ahí estaba.

Crea una firma de ropa con una amiga y llegan a ferias de todas las partes del mundo, como París. ¡Paris! ¿Sueño conseguido?

Estaba cerca, pero más lejos: en Madrid.

UN PASO MÁS ...

Aterriza en la ciudad con mil cosas aprendidas y una muy clara: crear una marca propia, artesanal y única para una mujer igual de única: biscuit. Un nombre que hace honor a Copenhague, la ciudad donde nace Katia.

En 2005 abre su primera tienda en Divino Pastor, Malasaña. Lo consigue pasito a pasito y un bastón: Paul Buquet, su marido. Katia sigue diseñando mientras Paul gestiona la contabilidad, el personal y consigue los mejores locales.

Ella planta las semillas mientras él consigue el terreno más fértil para que florezcan.

Hoy Biscuit tiene siete tiendas alrededor de España y la convicción de que la última no será la última. Porque biscuit ha venido para ser más grande. Y para hacernos sentir, cada día, más nosotras.

KATIA BANDOLOWSKI

“Desde pequeña, siempre me he sentido diferente y la ropa que creaba me ayudaba a expresar esa singularidad. A sentirme más segura, empoderada y yo misma. Aunque la ropa nos vista, también puede hablar de quienes somos cuando nos desnudamos”