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una forma de vivir

MALLORCA

Biscuit nació mirando al Mediterráneo.

La luz que acompaña cada día, el mar siempre cerca, la artesanía, las calles tranquilas y ese ritmo
pausado que invita a disfrutar de las pequeñas cosas, han formado parte de nuestra manera de entender
la moda desde el principio.
Por eso Mallorca ocupa un lugar muy especial para nosotras. No solo porque comparte esa sensibilidad
mediterránea que tanto nos inspira, sino porque también forma parte de nuestra historia. Tener una
tienda en Palma nos ha permitido descubrir la isla desde dentro: recorrer sus calles, conocer sus
comercios, acercarnos a sus tradiciones y crear un vínculo que va mucho más allá de un destino.

Eso fue lo que le ocurrió a una de las personas que forman parte del equipo de Biscuit. Llegó a Mallorca pensando que sería una etapa más y acabó encontrando un lugar al que llamar hogar.

Quisimos recorrer la isla con ella para descubrir esa Mallorca que no siempre aparece en las guías: la de las calas escondidas, los comercios de siempre, los planes sencillos y los rincones que solo conocen quienes la viven cada día.

Una isla que se descubre despacio

Mientras paseamos por Palma, le preguntamos cuándo supo que Mallorca era mucho más que un
destino. Sonríe antes de responder.
“No fue un momento concreto. Fue una sensación que apareció poco a poco.”

Nos cuenta que nació en un pequeño pueblo de Galicia, rodeada de montaña y viñedos. Quizá por eso, al llegar a la isla, encontró mucho más de lo que esperaba.
“Todos pensamos en las calas cuando hablamos de Mallorca, pero la isla también es montaña, pueblos y tradición. Tiene mucho más que ver con mis raíces de lo que imaginaba.”


Y es verdad. Basta con alejarse unos minutos de las calles más transitadas para descubrir otra Mallorca.
“Su magia se descubre despacio. Igual que su gente. Cuando un mallorquín te abre las
puertas de su casa, pasas a formar parte de la familia.”
Quizá esa sea una de las razones por las que tantas personas vuelven una y otra vez.

Un día perfecto en Mallorca
Empieza temprano.


Con una caminata por la Serra de Tramuntana, el silencio de la montaña y un capfico —ese baño improvisado que forma parte del vocabulario mallorquín— antes de continuar el día.


Cuando le pedimos que elija una cala, duda unos segundos. “Me quedo con Cala Deià y Sa Calobra.”

Dos lugares muy diferentes entre sí, pero con algo en común: conservan esa belleza natural que haceque uno quiera quedarse un rato más.


Después llega el dinar con amigos, una sobremesa que se alarga y una tarde paseando por Palma.
Nos lleva por calles donde conviven edificios históricos, galerías de arte, librerías independientes y pequeñas boutiques.

Cuando necesita desconectar, siempre vuelve al mismo sitio: Portixol.
Un antiguo barrio de pescadores que todavía conserva esa esencia mediterránea tan especial.
“Después de un día complicado suelo venir a correr aquí. El mar siempre consigue poner las cosas en su lugar.”


Y, como no podía ser de otra manera, la conversación termina alrededor de una mesa.
Nos habla del variat, una tradición muy mallorquina que invita a compartir diferentes tapas; de los llonguets de Bodega Bellver, muy cerca de nuestra tienda de Palma; y de los hornos tradicionales donde el aroma de las ensaimadas recién hechas, los rubiols o los crespells sigue formando parte del día a díade la isla.


“Conocer un lugar también es descubrir los sabores que forman parte de su historia.”

Vivir un poco más despacio


Durante los últimos años vivió en grandes ciudades, siempre con la sensación de tener que llegar a todo.


Mallorca cambió esa forma de entender el día a día.
“He aprendido a bajar el ritmo. Antes pensaba que el éxito era hacer más cosas. Hoy creo que también consiste en dedicar un momento del día a reconectar conmigo misma.”


Cuando le preguntamos qué rincón de Mallorca se parece más a Biscuit, responde sin pensar.
“Deià.”

Mallorca, inspiración mediterránea


Antes de despedirnos, le pedimos un último consejo para quien visite la isla por primera vez.
“No intentaría verlo todo. Dejaría tiempo para perderme.”
Y quizá esa sea la mejor forma de descubrir Mallorca.
Porque la verdadera magia de la isla no siempre está en los lugares más conocidos. A veces aparece en una cala escondida, en un paseo sin rumbo o en un pequeño horno de barrio.


Es esa forma de vivir, tan ligada al Mediterráneo, la que nos sigue inspirando colección tras colección.


Y por eso, cada vez que volvemos a Mallorca, sentimos que también volvemos un poco mas a casa.